Lugar idóneo, compañía insuperable, estado de ánimo perfecto. Pip Pip Pip! Un ruido de despertador irrumpe en la romántica escena. Lo apagas, pero no parece hacerte caso. Pip Pip Pip! Caramba! Son las 6.30 de la mañana. Una vez más el mismo final de película de terror para lo que iba a ser el largometraje de amor del siglo.
Ha terminado la película y es hora de limpiarse las legañas y prepararse para salir de ese nido tan personal donde nos sentimos tan agusto denominado como la cama. Sitio donde todos los problemas parecen desaparecer.
¿Quién no se a planteado estampar este invento contra la pared? ¿A quién no le apetecería que todos los despertadores del mundo dejasen de funcionar? Si algún chisme nos saca de nuestras casillas ese es indudablemente el despertador.
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