Hoy he ido al ayuntamiento. Allí estaba ella , con indiferencia ordenando unos papeles detrás de la cristalera. Me acerco, trago saliva, y sonrío: Buenos días. Ella me responde con un seco hola. Comienzo a darle explicaciones sobre que es lo que quiero hacer y a donde he de ir para conseguir lo que quiero. Automáticamente me dice: Esta no es la ventanilla que buscas, tienes que ir a la ventanilla que está en el tercer piso y allí te darán unos papeles, me los tienes que traer.
Ya empezamos la procesión de tres horas por las ventanillas del ayuntamiento. En ninguna pueden hacer todo lo que necesitas de una vez, te mandan de una a otra sin cesar.
He dado vueltas y vueltas por el ayuntamiento hasta que ya me he conocido cada piso y cada ventanilla com la palma de la mano.
Lo interesante de toda esta situación es la amabilidad de las secretarias, que ninguna de ellas ponía mucho empeño en ayudar, que para eso están. Mi teoría es que los estudios de secretariado tienen una asignatura llamada: lávate las manos. Esta asignatura consiste en enseñar cómo no implicarse en los problemas de los demas porque así no se convierten en los suyos.
Asi consiguen trabajar menos, pasarse la pelota una a la otra y cobrar lo mismo a final de mes.
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